martes, 2 de junio de 2009

Parapsicología en La Rioja: El fantasma de Buscarini (Ezcaray) [II]

Saludos GIPEriojanos:

Voy a seguir con la primera parte de este artículo y a finalizarlo. En él dejamos al poeta riojano Armando Buscarini en sus primeros años abriendose camino con 16 años como escritor en el Madrid de 1920.

Al menos es conocida la correspondencia que Buscarini mantuvo con Rafael Cansinos Assens y Andrés González–Blanco, dos de los periodistas literarios más importantes de la época. En ella reclama «protección» literaria y «generosidad altruista», es decir, un préstamo a fondo perdido para costear los gastos de imprenta de sus obras. Por la continuidad de las misivas, el aumento de adulaciones y su fecundidad editorial a mitad de la década, del primero debió conseguir el dienero, mientras que del segundo, al menos, obtuvo un prólogo para "Cancionero del arroyo".

Ya por entonces Buscarini era conocido como «el niño poeta» y amplió el negocio instalando un puesto de venta en la Calle Alcalá (frente al Ministerio de Hacienda, junto al Casino) al grito del ingenioso eslogan «¡Hay que ayudar al poeta!». Sus siguientes obras poéticas, "Rosas negras", "Romanticismo", "Yo y mis versos", "Dolorosa errante" y "Poemas sin nombre" (todas publicadas en 1921) aún no contenían la original leyenda «Se considerará fraudulento todo ejemplar que no lleve la firma de su autor, de su puño y letra».


Armando Buscarini en 1922
Y es que, una vez aumentó la paginación de sus publicaciones (convirtiendo los primeros cuadernos en libros) y pasó de cobrar veinticinco céntimos a dos pesetas y media en un momento de bonanza económica, acudía tan presto como un atento camarero a las mesas de los cafés para ofrecer a los literarios clientes: «Un libro, ¿caballero? Son treinta céntimos, y cincuenta con dedicatoria». Si compraban, frecuentemente elegían el ejemplar limpio de autógrafo, pero Buscarini acababa regalándolo benévolamente, según se cuenta.

Llegado 1922 el riojano siguió el ritmo frenético de publicación (de ese año son los títulos "Por el amor de Dios", "Las rosas eternas", "Cruzada romántica. Prosa de exaltación y de amor a la Humanidad" y "Con la cruz a cuestas"), algo retenido en 1923 (período en el que apenas publica el poemario "El riesgo es el eje sublime de la vida" y se atreve con el drama teatral "Sor Misericordia", escrito junto a Mario Arnold, hasta que alcanzó su cenit en 1924, año en el que publicó las novelas de tintes autobiográficos "El aluvión", "Cuento de golfos", "El arte de pasar hambre", "Las luces de la Virgen del Puerto" y "Maruja la de Cristo", la obra de teatro poético "El Rey de los Milagros", el libro de poesía "Primavera sin sol" y el volumen "Mis memorias", repaso literario a su azarosa vida con tan sólo veinte años.

Armando Buscarini en 1924
Pero la “época dorada” de Armando Buscarini comienza a encrudecerse en los meses venideros, paralelamente a la dictadura del general Primo de Rivera. Los periódicos dejaron de publicarle y los cuadernos de venderse fácilmente, tal vez por la saturación de títulos a la que sometió a sus habituales y solidarios clientes. Pedro Luis de Gálvez le regalaría entonces otra frase de reclamo: «Mi corazón dice que te dé el libro de balde, mi cerebro que lo pagues»; pero ya el fracaso comienza a ser una realidad que Buscarini se niega a digerir. En uno de los ya esporádicos regresos a casa de su madre, ésta, cansada de las ínfulas literarias de su hijo y del cada vez más preocupante odio hacia ella (plasmado en algunos de sus textos posteriores), ingresa a Armando en el Departamento de Observación de Dementes del Hospital Provincial de Madrid. Apenas está una semana interno, pero es suficiente para anunciar el declive de uno de los poetas más populares de aquellas calles madrileñas.

La gloria acariciada por Buscarini en 1924 —esa «gloria lejana que no llega»que él mismo escribió— pronto le hace convertirse en el «hermano menor de la bohemia», aunque no pasa un solo año sin que consiga publicar al menos un par de obras. Aunque de nuevo en sencillas ediciones, opúsculos de apenas treinta páginas. En 1925 publica el cuento maravilloso "La Reina del bosque" y la novela "San Antonio de la Florida". Buscarini probó de nuevo suerte con la poesía, dando a luz en 1926 "Baladas" y "Los lauros", tras haber conseguido volver a publicar versos en prensa, a comienzos de 1925 en la revista semanal 'La Esfera'.

Calle dedicada al poeta en Ezcaray, su ciudad natal
Fueron tiempos en los que llegó a advertir a los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero de que, si no le concedían cierto dinero, encontrarían su cadáver colgado de un árbol frente a su casa. Y los Álvarez Quintero, prestigiosos dramaturgos de comedias costumbristas de los teatros de Madrid, accedían al chantaje por miedo a enturbiar su imagen pública. Razón de más para que en "Maruja la de Cristo" Buscarini les dedicase estas santas palabras a quienes fueron sus mejores mecenas junto con los también escritores Pedro Muñoz Seca y Carlos Luis de Cuenca, el político Sánchez Guerra y el comerciante Gabriel Melguizo: «Yo he elegido a dos hombres ilustres por mensajeros de mi destino. Estos hombres tienen entrada al templo de la gloria. Si ellos me interceptan el camino, la posteridad histórica los señalará con una sombra imborrable».

Ya en la recta final de su vida literaria se vuelca ciegamente en el teatro y, tras la novela corta "La cortesana del Regina" (1927), fruto de esta pasión publica los dramas "Los dos alfareros" (1927) y "El rufián" (1928) de más de cien páginas), que, a pesar de estar recomendada por la prestigiosa actriz de la Compañía de Teatro Español Margarita Xirgu, fue sistemáticamente rechazada para ser representada por las empresas teatrales. Finalmente, en noviembre de 1928 publica su último libro, la antología de su propia obra poética "El umbral del recuerdo".

Parece como si el desdichado bohemio vaticinara su destino y hubiera querido despedirse de los lectores con una selección de sus mejores versos y un título proverbial. Pero aún le quedó imaginación antes de alojarse definitivamente en los sótanos de la locura. Cuando las ganancias no le fueron propicias cerraba el día acudiendo al Puente de Segovia y amenazaba sobre la cornisa del viaducto (recurso definitivo de muchos suicidas) con lanzarse al vacío si alguien no le compraba algún libro.

En una ocasión fue arrestado por sus tendencias suicidas, pero su paso por comisaría fue fugaz. La explicación sobre que ese comportamiento sólo era una treta para vender libros no resultaba mentalmente muy sana y el 25 de mayo de 1929 Buscarini ingresó en el Hospital Provincial de Madrid, de donde sólo salió para ser trasladado a Valladolid (donde escribió su original testamento) el 11 de octubre de ese mismo año, devuelto a Madrid el 9 de octubre de 1931 y enviado definitivamente a Logroño el 3 de marzo de 1932. Su madre había fallecido accidentalmente en una calle de Madrid y apenas recibe visitas de un familiar lejano. Su estado físico y mental está ya muy deteriorado, aquejado de esquizofrenia y sífilis, agravado por las condiciones de salubridad de aquellas clínicas, tan precarias como las atenciones que recibían los dementes.

Armando Buscarini en 1929
Los nueve años que Armando Buscarini estuvo ingresado en el manicomio logroñés los vivió ajeno a acontecimientos como la Guerra Civil Española y sólo vio la calle mensualmente para descargar el camión de patatas que aseguraba la comida a los internos. A las siete de la tarde del 9 de junio de 1940 falleció a a los 35 años a consecuencia de una tuberculosis pulmonar y es enterrado en el cementerio de Logroño sin que nadie llore su muerte. Sus restos fueron trasladados a la fosa común en 1970. La tragedia que fue la vida de Buscarini llegó hasta tal punto que, si su supuesta muerte fue narrada en vida por los principales diarios de la época, su fallecimiento real apenas supuso una línea en las efemérides del periódico local 'Nueva Rioja' dos días después de su óbito. Y es que Armando murió un domingo, y los rotativos, entonces, no tenían edición los lunes.

Testamento de Armando Buscarini:
Testamento al rey Alfonso Xiii y la reina Victoria EugeniaSeñor:
Perseguido por las injusticias de la sociedad que me negó el sustento, el trabajo, el cariño y la fama; acorralado por la multitud de enemigos, envidiosos de mi Arte, que se cebaron en mis actos privados para hundir y exterminar mi genialidad y aniquilar los proyectos grandiosos que tenía para el futuro; habiendo sido arrollado y asesinado en el Departamento de Dementes del Hospital Provincial, donde se me secuestró en tal día como hoy, 22 de mayo, por medio de cuatro hombres, y mi señora madre que ayudó a ellos; viéndome perdido completamente, es decir, con vida insegura, puesto que la aguja finísima que colocaron entre el pan taladró el corazón al tomar el camino de un divertículo que en la garganta tenía y que previamente habían observado con los rayos X médicos enemigos y cómplices de mi madre; comprendiendo, en definitiva, que mi situación en el mundo es desesperada puesto que además de vivir con poca vida me veo privado de la libertad, de las comodidades y de los placeres, he decidido eliminarme por medio del ácido prúsico que ingeriré hoy mismo; o, en su lugar, por medio de una cuerda: es decir, ahorcándome.
Como el hecho violento que pienso realizar ha de repercutir en todo el país produciendo la natural expectación, espero de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII y de la Reina Doña Victoria Eugenia la completa rehabilitación de mi memoria mancillada, el reconocimiento absoluto de mi talento y condiciones formidables de artista y cincelador de maravillas, por medio de un gran monumento que se erija en una gran plaza pública. Y al mismo tiempo EXIJO de la JUSTICIA HUMANA el encarcelamiento de mis asesinos y la ejecución en público de la persona que colocó la aguja, origen del asesinato de que fui víctima. Pues ha de comprenderse que la pérdida ha sido ENORME para el país y que el país, ante tan enorme pérdida, no puede ni podrá permanecer impasible; ni tampoco conformarse y menos aún resignarse. Se ha robado una especie de Goya literario, a quien deben rendir tributo todos los españoles. Y como no se puede robar nada ni distraer nada al porvenir común, espero la reparación, no sólo por parte de España, sino por parte de todos los países, incluyendo América; y al mismo tiempo deseo que de mis poemas se hagan ediciones soberanas con láminas y cromos de colores; y deseo que se divulguen mis versos por toda la redondez de la tierra, para que de esta manera, traducidos a distintos idiomas, sean conocidos en todas las lenguas.
Deseo que se me haga un entierro solemne y que todos los escritores y artistas me guarden luto durante cinco años; deseo que se me ofrenden coronas con sentidas y cariñosas dedicatorias y que aquellos a quienes pude ofender den al olvido mis agravios y tomen parte en la ceremonia.
Deseo que la prensa de todo el mundo publique retratos míos y la noticia de mi muerte con enormes titulares: HA MUERTO ARMANDO BUSCARINI.
Deseo que ante mi cadáver desfile toda clase de gentes, lo mismo potentados que obreros, y que los niños depositen flores; deseo que los periodistas desfilen ante mí y que algún escultor famoso saque la mascarilla de mi rostro y el vaciado de la mano derecha, que pudo crear tantas obras inmortales.
Deseo que Serafín Álvarez Quintero pronuncie un discurso y que Alfonso Hernández Catá hable de mis obras; deseo que el embalsamamiento y que la casa de Prensa Gráfica coloque en sus balcones, durante un mes, una bandera negra.
Deseo que mi cadáver vaya envuelto en la bandera española, puesto que yo fui siempre un gran patriota, y deseo, además, que se me digan inmensidad de misas para la completa salvación de mi alma, ya que el hombre, como tal, fue bastante pecador.
Valladolid, 20 de mayo de 1930,en el Manicomio Provincial.


Como último apunte, un añadido que nos envía Rubén Martín por email. En la revista 'DATO digital' de La Rioja, número 57 (Abril 2009) mencionaban esta noticia títulada como " Fantasmas en la 'Bene' ":
"Algunos funcionarios de la Consejería de Educación sienten miedo en su trabajo. Sí, es literal. Al parecer, esa sensación se debe a que por las tardes se escuchan gritos y ruidos tortuosos en la antigua ‘Bene'. Varios trabajadores de la institución ya han hecho sus cábalas y creen que este fenómeno guarda relación con el pasado del edificio como hospital psiquiátrico provincial."

Armando Buscarini falleció precisamente en este hospital psiquátrico de La Rioja, ¿se estará apareciendo y asustando a los funcionarios que ahora trabajan en el edificio?, ¿son otros antiguos pacientes los que se lamentan aún hoy de su vida acabada?.

Gracias por vuestro interes, me alegraría conocer vuestros comentarios. El resto de los artículos de 'Parapsicología en La Rioja" podeis consultarlos a través del ÍNDICE.

"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd"

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado Colega, invitamos a usted a esta Convocatoria Internacional: (In Spanish)

Astrólogos, Parapsicólogos, Numerólogos, Videntes, Chamanes, Tarotistas, Cartómagos, Espiritistas, Grafólogos, Magnetoterapistas, Radiestecistas y/o profesionales, practicantes, aficionados, aprendices de cualquier otra práctica esotérica, en actividad o retirados de cualquier rama del esoterismo, misticismo y ocultismo occidental que quieran adherir al registro VOLUNTARIO y/o intengrarse como miembro ACTIVO, (Credencial, Diploma y Certificado) de la World Wide Parapsychological Secret Association - IIIº Millennium.

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Regards from WWPA INTERNATIONAL.

tango dijo...

la puta madre!!!!
tengo 48 años,mujer y perro, hijos abandonados por ahi..
clikando mi apellido en la web..me encuentro con esto!!!!
yo que soy vendedor ambulante en argentina y que en mis horas de ocio(que son muchas!!)me he dedicado a escribir cronicas urbanas..cosas que acontecen...
amo los perros mas que a mis hijos!!
nahhhh..
mañana me compro un traje y me busco un empleo!!!!!!!!!!!!!!

Marina Americana dijo...

Es un escritor sobrevalorado y sobreexplotado por los oportunistas de turno. Su obra no se sostiene ni con toda esta parafernalia alrededor. Tengan piedad y empiecen a leer a buenos poetas.

 
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