Saludos GIPEriojanos:
En esta ocasión voy a empezar a comentar algunas leyendas de La Rioja, muy brevemente, al menos para dejar constancia de ellas. (Parte de la información obtenida de wikipedia).
Una leyenda está generalmente relacionada con una persona, una comunidad, un monumento, un lugar o un acontecimiento cuyo origen pretende explicar (leyendas etiológicas). A menudo se agrupan en ciclos alrededor de un personaje, como sucede con los ciclos de leyendas en torno a Robin Hood, el Cid Campeador. Las leyendas contienen casi siempre un núcleo básicamente histórico, ampliado en mayor o menor grado con episodios imaginativos. La aparición de los mismos puede depender de motivaciones involuntarias, como errores, malas interpretaciones (la llamada etimología popular, por ejemplo) o exageraciones, o bien de la acción consciente de una o más personas que, por razones interesadas o puramente estéticas, desarrollan el embrión original. Las leyendas suelen ser muy similares en diferentes partes del mundo, adaptandose a cada entorno, pero manteniendo unas ideas arquetípicas tan antiguas como la humanidad.
La localidad de Clavijo situada, a 17 km de Logroño, en un alto rocoso sobre el que se encuentran los restos del castillo, forma parte de las leyendas en torno al Camino de Santiago. La Batalla de Clavijo, una de las más célebres batallas de la Reconquista española, se produciría en el denominado Campo de la Matanza (junto al monte Laturce), en las cercanías de Clavijo el 23 de mayo del 844. Aunque por muchos es considerada sólo una leyenda forjada por el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada.
La batalla tendría su origen en la negativa de Ramiro I de Asturias a seguir pagando tributos a los emires árabes, en especial el tributo de las cien Doncellas (muy probablemente otra leyenda, en que los cristianos debían mandar a los musulmanes 100 doncellas virgenes, 50 de sangre noble para concubinas y esposas de altos cargos, y otras 50 para el disfrute de los ejercitos y criados, con el fin de mantener la paz). Por ello las tropas cristianas, con Ramiro I, irían en busca de los musulmanes, con Abderramán II al mando, pero al llegar a Nájera y Albelda se verían rodeados por un numeroso ejército árabe formado por tropas de la península y provenientes de Marruecos, teniendo los cristianos que refugiarse en el castillo de Clavijo.Allí se cuenta que Ramiro I tuvo un sueño en el que aparecía el Apóstol Santiago, asegurando su presencia en la batalla y la victoria. Según la leyenda, al día siguiente los ejércitos de Ramiro I, junto con la presencia del Apóstol montado en un corcel blanco, vencieron a sus oponentes. Con este suceso, el apóstol se convirtió en símbolo del combate contra el islam, siendo reconocido desde entonces como Santiago Matamoros. En las imagenes se ven dos vistas del castillo de Clavijo y una figura de Santiago Matamoros en combate.
El motivo de la creación de esta leyenda habría sido animar a la población a luchar contra los musulmanes, para poder contrarrestar el espíritu de guerra santa con la que luchaban estos y que les conseguía el Paraíso. La primera crónica que cita esta legendaria aparición fue narrada (hacia 1243) por Rodrigo Jiménez de Rada, obispo de Osma y arzobispo de Toledo.
En recuerdo de esa época sigue viva tradición en Sorzano y en Santo Domingo, como la procesión de las doncellas, cuando año tras año, un abigarrado grupo de mozas del pueblo, ataviadas en trajes nupciales, portan flores a la Virgen como gesto de acción de gracias por haber sido liberadas de semejante humillación (100 jóvenes doncellas se entregaban al Emir de Córdoba a cambio de tener paz y tranquilidad en las tierras dominadas).
En breve próximas entregas de "Parapsicología en La Rioja".
El resto de entradas de 'Parapsicología en La Rioja" a través del ÍNDICE.
"La muerte es segura, la vida no"
viernes, 30 de enero de 2009
[+/-] | Parapsicología en La Rioja: Leyenda de Santiago en la batalla de Clavijo |
martes, 27 de enero de 2009
[+/-] | Parapsicología en La Rioja: Oleada OVNI 1974-1979 |
Saludos GIPEriojanos:
En esta época de descanso en las salidas psicofonicas del grupo, voy a intentar empezar una serie de entradas sobre temas de parapsicología, esoterismo, ocultismo, misterios, espiritismo, secretos, ufología, ... que hayan sucedido en La Rioja o muy cerca. Por supuesto que hablaré de Ochate, pero eso es un tema que requiere su documentación y tiempo.


martes, 20 de enero de 2009
[+/-] | Índice de "Parapsicología en La Rioja" |
Saludos GIPEriojanos:
Aquí podreís ver y acceder a todas las entradas que he realizado del especial 'Parapsicología en La Rioja', comentando los casos ocurridos y leyendas más importantes que se han producido en La Rioja y alrededores. Son hechos notorios de nuestra pequeña comunidad que han tenido alguna relevancia en los medios de comunicación, asi como leyendas. Espero ir completando esta recopilación poco a poco con nuevos casos y datos. Os dejo un mapa de La Rioja que podeis aumentar pinchando en él.
UFOLOGÍA
Oleada OVNI 1974-1979
Observación múltiple del 2 de Diciembre de 1976
¿OVNI sobre Logroño el 5 de Agosto de 1978?
Foto con algo borroso en el cielo de Cuzcurrita (agosto del 2007)
OVNI del 28 de Noviembre de 1974 (Logroño)
Avistamiento en Arrúbal (29 de Noviembre de 1974)
OVNI de Corera (3 de Mayo de 1996)
¿OVNI gigante sobre Navarra y La Rioja? (11 de Marzo de 1979)
Caso OVNI cerca de Tudela (4 de Febrero de 1990)
Avistamiento en Calahorra (25 de octubre de 2008)
Opinión y testimonio avistamiento en Logroño (Espolón, sobre 1975)
LEYENDAS
Leyenda de Santiago en la batalla de Clavijo
Leyenda del milagro del gallo y la gallina (Santo Domingo de la Calzada)
Leyenda de la hoz de Santo Domingo de la Calzada
Leyenda del moro Can y la Virgen de Vico (Arnedo)
Leyenda de la mora encantada Zahara (Cervera del río Alhama)
La leyenda de Roldán y el gigante Farragut (Alesón - Nájera) [I]
La leyenda de Roldán y el gigante Farragut (Alesón - Nájera) [II]
La Leyenda de la Cruz de los Valientes (Grañón)
Leyenda de las 400 manos de Lutia (Lumbreras, Viniegra de Arriba, Puerto de Piqueras)
Milagro de la Virgen Peregrina (Leiva de Río Tirón) [I]
Milagro de la Virgen Peregrina (Leiva de Río Tirón) [II]
Leyenda del Picuezo y la Picueza (Autol)
'El Miserere de la montaña' de Gustavo Adolfo Bécquer (Monte de Yerga)
'La Cueva de la Mora' de Gustavo Adolfo Bécquer (Fitero)
HISTORIA
El Satanás de Logroño
Las brujas de Zugarramurdi y el proceso de Logroño (1608 - 1610) [I]
Las brujas de Zugarramurdi y el proceso de Logroño (1608 - 1610) [II]
Las brujas de Zugarramurdi y el proceso de Logroño (1608 - 1610) [III]
Las brujas de Zugarramurdi y el proceso de Logroño (1608 - 1610) [IV]
VARIOS
El fantasma de Buscarini (Ezcaray) [I]
El fantasma de Buscarini (Ezcaray) [II]
Caso poltergeist en Calahorra (años 90) [I]
Caso poltergeist en Calahorra (años 90) [II]
Caso poltergeist en Calahorra (años 90) [III]
Caso poltergeist en Calahorra (años 90) [IV]
Caso poltergeist en Calahorra (años 90) [V]
Espacio del Grupo UFO Calahorra en TVR
CIENCIA
El meteorito de Varea (4 de julio de 1842) [I]
El meteorito de Varea (4 de julio de 1842) [II]
Gracias por vuestra visita. Dejad comentarios libremente, así como sugerencias o informaciones complementarias que no haya incluido.
"La muerte para los mozos es naufragio, y para los viejos tomar puerto"
sábado, 17 de enero de 2009
[+/-] | Alone in the dark |
Buenas,amantes de lo paranormal.
Como bien ha dicho mi compañero Ito,no es buena epoca para psicofonias,ya que con el frio que hace,pues como que la gente no se anima.
En breve publicaremos una nueva encuesta en el blog,ahora voy a cambiar un poco de tema,pero sin alejarme de lo paranormal.
Soy un gran amante de los videojuegos,y el otro dia compre el Alone in the dark para 360,que por 13 € que me costo,pues no es mala compra.
El juego no es ninguna maravilla,pero si os gusta lo oculto esta bastante entretenido,sobre todo por la ambientacion y la banda sonora,para mi lo mejor del juego con diferencia.
jueves, 15 de enero de 2009
[+/-] | Resultados Primera Encuesta del Blog Giperioja |
Saludos GIPEriojanos:
Ya está cerrada la primera encuesta del blog. Creo que fue Piluh quien la publicó. La pregunta era ¿ Estas interesado en las psicofonias ?
Ha habido 10 respuestas, con la siguiente distribución:
- SÍ con 7 votos (70%)
- NO con 2 votos (20%)
- NO SE LO QUE SON con 1 voto (10%)
- ME GUSTARÍA SABER MÁS con 0 votos (0%)
Sin más os agradezco vuestra colaboración. En breve habrá una nueva encuesta al pie del blog. Espero vuestros comentarios en la página o en giperioja@gmail.com
"Mátate estudiando y serás un cadáver culto"
jueves, 1 de enero de 2009
[+/-] | EL MISERERE (Gustavo Adolfo Bécquer - 1862) |
(Recogido integramente de http://www.hs-augsburg.de/~harsch/hispanica/Cronologia/siglo19/Becquer/bec_ley0.html)
Hace algunos meses que visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su abandonada biblioteca, descubrí en uno de sus rincones dos o tres cuadernos de música bastante antiguos, cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones.
Era un Miserere.
Yo no sé la música; pero le tengo tanta afición, que, aun sin entenderla, suelo coger a veces la partitura de una ópera, y me paso las horas muertas hojeando sus páginas, mirando los grupos de notas más o menos apiñadas, las rayas, los semicírculos, los triángulos y las especies de etcéteras, que llaman llaves, y todo esto sin comprender una jota ni sacar maldito el provecho.
Consecuente con mi manía, repasé los cuadernos, y lo primero que me llamó la atención fue que, aunque en la última página había esta palabra latina, tan vulgar en todas las obras, finis, la verdad era que el Miserere no estaba terminado, porque la música no alcanzaba sino hasta el décimo versículo.
Esto fue sin duda lo que me llamó la atención primeramente; pero luego que me fijé un poco en las hojas de música, me chocó más aún el observar que en vez de esas palabras italianas que ponen en todas, como maestoso, allegro, ritardando, piú vivo, a piacere, había unos renglones escritos con letra muy menuda y en alemán, de los cuales algunos servían para advertir cosas tan difíciles de hacer como esto: Crujen... crujen los huesos, y de sus médulas han de parecer que salen los alaridos; o esta otra: La cuerda aúlla sin discordar, el metal atruena sin ensordecer; por eso suena todo, y no se confunde nada, y todo es la Humanidad que solloza y gime; o la más original de todas, sin duda, recomendaba al pie del último versículo: Las notas son huesos cubiertos de carne; lumbre inextinguible, los cielos y su armonía... ¡fuerza!... fuerza y dulzura.
-¿Sabéis qué es esto? -pregunté a un viejecito que me acompañaba, al acabar de medio traducir estos renglones, que parecían frases escritas por un loco.
El anciano me contó entonces la leyenda que voy a referiros.
Hace ya muchos años, en una noche lluviosa y oscura, llegó a la puerta claustral de esta abadía un romero, y pidió un poco de lumbre para secar sus ropas, un pedazo de pan con que satisfacer su hambre, y un albergue cualquiera donde esperar la mañana y proseguir con la luz del sol su camino.
Su modesta colación, su pobre lecho y su encendido hogar, puso el hermano a quien se hizo esta demanda a disposición del caminante, al cual, después que se hubo repuesto de su cansancio, interrogó acerca del objeto de su romería y del punto a que se encaminaba.
-Yo soy músico -respondió el interpelado-, he nacido muy lejos de aquí, y en mi patria gocé un día de gran renombre. En mi juventud hice de mi arte un arma poderosa de seducción, y encendí con él pasiones que me arrastraron a un crimen. En mi vejez quiero convertir al bien las facultades que he empleado para el mal, redimiéndome por donde mismo pude condenarme.
Como las enigmáticas palabras del desconocido no pareciesen del todo claras al hermano lego, en quien ya comenzaba la curiosidad a despertarse, e instigado por ésta continuara en sus preguntas, su interlocutor prosiguió de este modo:
-Lloraba yo en el fondo de mi alma la culpa que había cometido; mas al intentar pedirle a Dios misericordia, no encontraba palabras para expresar dignamente mi arrepentimiento, cuando un día se fijaron mis ojos por casualidad sobre un libro santo. Abrí aquel libro y en una de sus páginas encontré un gigante grito de contrición verdadera, un salmo de David, el que comienza ¡Miserere mei, Deus! Desde el instante en que hube leído sus estrofas, mi único pensamiento fue hallar una forma musical tan magnífica, tan sublime, que bastase a contener el grandioso himno de dolor del Rey Profeta. Aún no la he encontrado; pero si logro expresar lo que siento en mi corazón, lo que oigo confusamente en mi cabeza, estoy seguro de hacer un Miserere tal y tan maravilloso, que no hayan oído otro semejante los nacidos: tal y tan desgarrador, que al escuchar el primer acorde los arcángeles dirán conmigo, cubiertos los ojos de lágrimas y dirigiéndose al Señor: ¡misericordia!, y el Señor la tendrá de su pobre criatura.
El romero, al llegar a este punto de su narración, calló por un instante; y después, exhalando un suspiro, tornó a coger el hilo de su discurso. El hermano lego, algunos dependientes de la abadía y dos o tres pastores de la granja de los frailes, que formaban círculo alrededor del hogar, le escuchaban en un profundo silencio.
-Después -continuó- de recorrer toda Alemania, toda Italia y la mayor parte de este país clásico para la música religiosa, aún no he oído un Miserere en que pueda inspirarme, ni uno, ni uno, y he oído tantos, que puedo decir que los he oído todos.
-¿Todos? -dijo entonces interrumpiéndole uno de los rabadanes-. ¿A qué no habéis oído aún el Miserere de la Montaña?
-¡El Miserere de la Montaña! -exclamó el músico con aire de extrañeza-. ¿Qué Miserere es ése?
-¿No dije? -murmuró el campesino; y luego prosiguió con una entonación misteriosa-. Ese Miserere, que sólo oyen por casualidad los que como yo andan día y noche tras el ganado por entre breñas y peñascales, es toda una historia; una historia muy antigua, pero tan verdadera como al parecer increíble. Es el caso, que en lo más fragoso de esas cordilleras, de montañas que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla la abadía, hubo hace ya muchos años, ¡que digo muchos años!, muchos siglos, un monasterio famoso; monasterio que, a lo que parece, edificó a sus expensas un señor con los bienes que había de legar a su hijo, al cual desheredó al morir, en pena de sus maldades. Hasta aquí todo fue bueno; pero es el caso que este hijo, que, por lo que se verá más adelante, debió de ser de la piel del diablo, si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que sus bienes estaban en poder de los religiosos, y de que su castillo se había transformado en iglesia, reunió a unos cuantos bandoleros, camaradas suyos en la vida de perdición que emprendiera al abandonar la casa de sus padres, y una noche de Jueves Santo, en que los monjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que iban a comenzar o habían comenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, saquearon la iglesia, y a éste quiero, a aquél no, se dice que no dejaron fraile con vida. Después de esta atrocidad, se marcharon los bandidos y su instigador con ellos, adonde no se sabe, a los profundos tal vez. Las llamas redujeron el monasterio a escombros; de la iglesia aún quedan en pie las ruinas sobre el cóncavo peñón, de donde nace la cascada, que, después de estrellarse de peña en peña, forma el riachuelo que viene a bañar los muros de esta abadía.
-Pero -interrumpió impaciente el músico- ¿y el Miserere?
-Aguardaos -continuó con gran sorna el rabadán-, que todo irá por partes. Dicho lo cual, siguió así su historia:
-Las gentes de los contornos se escandalizaron del crimen: de padres a hijos y de hijos a nietos se refirió con horror en las largas noches de velada; pero lo que mantiene más viva su memoria es que todos los años, tal noche como la en que se consumó, se ven brillar luces a través de las rotas ventanas de la iglesia; se oye como una especie de música extraña y unos cantos lúgubres y aterradores que se perciben a intervalos en las ráfagas del aire. Son los monjes, los cuales, muertos tal vez sin hallarse preparados para presentarse en el tribunal de Dios limpios de toda culpa, vienen aún del purgatorio a impetrar su misericordia cantando el Miserere.
Los circunstantes se miraron unos a otros con muestras de incredulidad; sólo el romero, que parecía vivamente preocupado con la narración de la historia, preguntó con ansiedad al que la había referido:
-¿Y decís que ese portento se repite aún?
-Dentro de tres horas comenzará sin falta alguna, porque precisamente esta noche es la de Jueves Santo, y acaban de dar las ocho en el reloj de la abadía.
-¿A qué distancia se encuentra el monasterio?
-A una legua y media escasa...; pero ¿qué hacéis? ¿Adónde vais con una noche como ésta? ¡Estáis dejado de la mano de Dios! -exclamaron todos al ver que el romero, levantándose de su escaño y tomando el bordón, abandonaba el hogar para dirigirse a la puerta.
-¿A dónde voy? A oír esa maravillosa música, a oír el grande, el verdadero Miserere, el Miserere de los que vuelven al mundo después de muertos, y saben lo que es morir en el pecado.
Y esto diciendo, desapareció de la vista del espantado lego y de los no menos atónitos pastores.
El viento zumbaba y hacía crujir las puertas, como si una mano poderosa pugnase por arrancarlas de sus quicios; la lluvia caía en turbiones, azotando los vidrios de las ventanas, y de cuando en cuando la luz de un relámpago iluminaba por un instante todo el horizonte que desde ellas se descubría.
Pasado el primer momento de estupor, exclamó el lego:
-¡Está loco!
-¡Está loco! -repitieron los pastores; y atizaron de nuevo la lumbre y se agruparon alrededor del hogar.
II
Después de una o dos horas de camino, el misterioso personaje que calificaron de loco en la abadía, remontando la corriente del riachuelo que le indicó el rabadán de la historia, llegó al punto en que se levantaban negras e imponentes las ruinas del monasterio.
La lluvia había cesado; las nubes flotaban en oscuras bandas, por entre cuyos jirones se deslizaba a veces un furtivo rayo de luz pálida y dudosa; y el aire, al azotar los fuertes machones y extenderse por los desiertos claustros, diríase que exhalaba gemidos. Sin embargo, nada sobrenatural, nada extraño venía a herir la imaginación. Al que había dormido más de una noche sin otro amparo que las ruinas de una torre abandonada o un castillo solitario; al que había arrostrado en su larga peregrinación cien y cien tormentas, todos aquellos ruidos le eran familiares.
Las gotas de agua que se filtraban por entre las grietas de los rotos arcos y caían sobre las losas con un rumor acompasado, como el de la péndola de un reloj; los gritos del búho, que graznaba refugiado bajo el nimbo de piedra de una imagen, de pie aún en el hueco de un muro; el ruido de los reptiles, que despiertos de su letargo por la tempestad sacaban sus disformes cabezas de los agujeros donde duermen, o se arrastraban por entre los jaramagos y los zarzales que crecían al pie del altar, entre las junturas de las lápidas sepulcrales que formaban el pavimento de la iglesia, todos esos extraños y misteriosos murmullos del campo, de la soledad y de la noche, llegaban perceptibles al oído del romero que, sentado sobre la mutilada estatua de una tumba, aguardaba ansioso la hora en que debiera realizarse el prodigio.
Transcurrió tiempo y tiempo, y nada se percibió; aquellos mil confusos rumores seguían sonando y combinándose de mil maneras distintas, pero siempre los mismos.
-¡Si me habrá engañado! -pensó el músico; pero en aquel instante se oyó un ruido nuevo, un ruido inexplicable en aquel lugar, como el que produce un reloj algunos segundos antes de sonar la hora: ruido de ruedas que giran, de cuerdas que se dilatan, de maquinaria que se agita sordamente y se dispone a usar de su misteriosa vitalidad mecánica, y sonó una campanada..., dos..., tres..., hasta once.
En el derruido templo no había campana, ni reloj, ni torre ya siquiera.
Aún no había expirado, debilitándose de eco en eco, la última campanada; todavía se escuchaba su vibración temblando en el aire, cuando los doseles de granito que cobijaban las esculturas, las gradas de mármol de los altares, los sillares de las ojivas, los calados antepechos del coro, los festones de tréboles de las cornisas, los negros machones de los muros, el pavimento, las bóvedas, la iglesia entera, comenzó a iluminarse espontáneamente, sin que se viese una antorcha, un cirio o una lámpara que derramase aquella insólita claridad.
Parecía como un esqueleto, de cuyos huesos amarillos se desprende ese gas fosfórico que brilla y humea en la oscuridad como una luz azulada, inquieta y medrosa.
Todo pareció animarse, pero con ese movimiento galvánico que imprime a la muerte contracciones que parodian la vida, movimiento instantáneo, más horrible aún que la inercia del cadáver que agita con su desconocida fuerza. Las piedras se reunieron a piedras; el ara, cuyos rotos fragmentos se veían antes esparcidos sin orden, se levantó intacta como si acabase de dar en ella su último golpe de cincel el artífice, y al par del ara se levantaron las derribadas capillas, los rotos capiteles y las destrozadas e inmensas series de arcos que, cruzándose y enlazándose caprichosamente entre sí, formaron con sus columnas un laberinto de pórfido.
Un vez reedificado el templo, comenzó a oírse un acorde lejano que pudiera confundirse con el zumbido del aire, pero que era un conjunto de voces lejanas y graves, que parecía salir del seno de la tierra e irse elevando poco a poco, haciéndose cada vez más perceptible.
El osado peregrino comenzaba a tener miedo; pero con su miedo luchaba aún su fanatismo por todo lo desusado y maravilloso, y alentado por él dejó la tumba sobre que reposaba, se inclinó al borde del abismo por entre cuyas rocas saltaba el torrente, despeñándose con un trueno incesante y espantoso, y sus cabellos se erizaron de horror.
Mal envueltos en los jirones de sus hábitos, caladas las capuchas, bajo los pliegues de las cuales contrastaban con sus descarnadas mandíbulas y los blancos dientes las oscuras cavidades de los ojos de sus calaveras, vio los esqueletos de los monjes, que fueron arrojados desde el pretil de la iglesia a aquel precipicio, salir del fondo de las aguas, y agarrándose con los largos dedos de sus manos de hueso a las grietas de las peñas, trepar por ellas hasta tocar el borde, diciendo con voz baja y sepulcral, pero con una desgarradora expresión de dolor, el primer versículo del salmo de David: ¡Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam!
Cuando los monjes llegaron al peristilo del templo, se ordenaron en dos hileras, y penetrando en él, fueron a arrodillarse en el coro, donde con voz más levantada y solemne prosiguieron entonando los versículos del salmo. La música sonaba al compás de sus voces: aquella música era el rumor distante del trueno, que desvanecida la tempestad, se alejaba murmurando; era el zumbido del aire que gemía en la concavidad del monte; era el monótono ruido de la cascada que caía sobre las rocas, y la gota de agua que se filtraba, y el grito del búho escondido, y el roce de los reptiles inquietos. Todo esto era la música, y algo más que no puede explicarse ni apenas concebirse, algo más que parecía como el eco de un órgano que acompañaba los versículos del gigante himno de contrición del Rey Salmista, con notas y acordes tan gigantes como sus palabras terribles.
Siguió la ceremonia; el músico que la presenciaba, absorto y aterrado, creía estar fuera del mundo real, vivir en esa región fantástica del sueño en que todas las cosas se revisten de formas extrañas y fenomenales.
Un sacudimiento terrible vino a sacarle de aquel estupor que embargaba todas las facultades de su espíritu. Sus nervios saltaron al impulso de una emoción fortísima, sus dientes chocaron, agitándose con un temblor imposible de reprimir, y el frío penetró hasta la médula de los huesos.
Los monjes pronunciaban en aquel instante estas espantosas palabras del Miserere:
In iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.
Al resonar este versículo y dilatarse sus ecos retumbando de bóveda en bóveda, se levantó un alarido tremendo, que parecía un grito de dolor arrancado a la Humanidad entera por la conciencia de sus maldades, un grito horroroso, formado de todos los lamentos del infortunio, de todos los aullidos de la desesperación, de todas las blasfemias de la impiedad; concierto monstruoso, digno intérprete de los que viven en el pecado y fueron concebidos en la iniquidad.
Prosiguió el canto, ora tristísimo y profundo, ora semejante a un rayo de sol que rompe la nube oscura de una tempestad, haciendo suceder a un relámpago de terror otro relámpago de júbilo, hasta que merced a una transformación súbita, la iglesia resplandeció bañada en luz celeste; las osamentas de los monjes se vistieron de sus carnes; una aureola luminosa brilló en derredor de sus frentes; se rompió la cúpula, y a través de ella se vio el cielo como un océano de lumbre abierto a la mirada de los justos.
Los serafines, los arcángeles, los ángeles y las jerarquías acompañaban con un himno de gloria este versículo, que subía entonces al trono del Señor como una tromba armónica, como una gigantesca espiral de sonoro incienso:
Auditui meo dabis gaudium et lœtitiam: et exultabunt ossa humiliata.
En este punto la claridad deslumbradora cegó los ojos del romero, sus sienes latieron con violencia, zumbaron sus oídos y cayó sin conocimiento por tierra, y nada más oyó.
III
Al día siguiente, los pacíficos monjes de la abadía de Fitero, a quienes el hermano lego había dado cuenta de la extraña visita de la noche anterior, vieron entrar por sus puertas, pálido y como fuera de sí, al desconocido romero.
-¿Oísteis al cabo el Miserere? -le preguntó con cierta mezcla de ironía el lego, lanzando a hurtadillas una mirada de inteligencia a sus superiores.
-Sí -respondió el músico.
-¿Y qué tal os ha parecido?
-Lo voy a escribir. Dadme un asilo en vuestra casa -prosiguió dirigiéndose al abad-; un asilo y pan por algunos meses, y voy a dejaros una obra inmortal del arte, un Miserere que borre mis culpas a los ojos de Dios, eternice mi memoria y eternice con ella la de esta abadía.
Los monjes, por curiosidad, aconsejaron al abad que accediese a su demanda; el abad, por compasión, aun creyéndole un loco, accedió al fin a ella, y el músico, instalado ya en el monasterio, comenzó su obra.
Noche y día trabajaba con un afán incesante. En mitad de su tarea se paraba, y parecía como escuchar algo que sonaba en su imaginación, y se dilataban sus pupilas, saltaba en el asiento, y exclamaba:
-¡Eso es; así, así, no hay duda..., así! Y proseguía escribiendo notas con una rapidez febril, que dio en más de una ocasión que admirar a los que le observaban sin ser vistos.
Escribió los primeros versículos y los siguientes, y hasta la mitad del Salmo, pero al llegar al último que había oído en la montaña, le fue imposible proseguir.
Escribió uno, dos, cien, doscientos borradores; todo inútil. Su música no se parecía a aquella música ya anotada, y el sueño huyó de sus párpados, y perdió el apetito, y la fiebre se apoderó de su cabeza, y se volvió loco, y se murió, en fin, sin poder terminar el Miserere, que, como una cosa extraña, guardaron los frailes a su muerte y aún se conserva hoy en el archivo de la abadía.
Cuando el viejecito concluyó de contarme esta historia, no pude menos de volver otra vez los ojos al empolvado y antiguo manuscrito del Miserere, que aún estaba abierto sobre una de las mesas.
In peccatis concepit me mater mea
Éstas eran las palabras de la página que tenía ante mi vista, y que parecía mofarse de mí con sus notas, sus llaves y sus garabatos ininteligibles para los legos en la música.
Por haberlas podido leer hubiera dado un mundo.
¿Quién sabe si no serán una locura?
FIN
[+/-] | LA CUEVA DE LA MORA (Gustavo Adolfo Bécquer - 1863) |
(Recogido integramente de http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaEspanola/becquer/Leyendas/cuevadelamora.asp)
Frente al establecimiento de baños de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, así por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído unas sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de argamasa con las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.
Durante mi estancia en los baños, ya por hacer ejercicio, que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza árabe y allí me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome por todos los rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de esos subterráneos que es fama existen en todos los castillos de los moros.
Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas.
Sin embargo, una tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en los alto de la roca sobre la que se asienta el castillo, renuncié a subir a ella, y limité mi paseo a las orillas del río que corre a sus pies, andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquerón abierto en la peña viva y medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. No sin mi poquito de temor, separé el ramaje que cubría la entrada de aquello que me pareció cueva formada por la naturaleza y que, después que anduve algunos pasos, vi era un subterráneo abierto a pico.
No pudiendo penetrar hasta el fondo, que se perdía entre las sombras, me limité a observar cuidadosamente los accidentes de la bóveda y del piso, que me pareció que se elevaba formando como unos grandes peldaños en dirección a la altura en que se halla el castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas ruinas recordé entonces haber visto una poterna cegada. Sin duda, había descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en las obras militares de aquella época, el cual debió servir para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua del río que corre allí inmediato.
Para cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, después que salí de la cueva por donde mismo había entrado, trabé conversación con un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.
Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas; hablamos, en fin, de todo lo que al buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, objeto de mi curiosidad.
Cuando, por último, la conversación recayó sobre este punto, le pregunté si sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.
-¡Penetrar en la cueva de la Mora! -me dijo, como asombrado al oír mi pregunta-. ¿Quién había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?
-¡Un ánima! -exclamé yo, sonriéndome-. ¿El ánima de quién?
- El ánima de la hija de un alcaide moro que anda todavía penando por estos lugares, y se la ve todas las noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en el río una jarrica de agua.
Por explicación de aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del subterráneo que yo suponía en comunicación con él había alguna historieta, y como yo soy muy amigo de oír todas estas tradiciones especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqué me la refiriese, lo cual hizo, poco más o menos, en los mismos términos que yo, a mi vez, se la voy a referir a mis lectores. Cuando el castillo, del que ahora sólo restan algunas informes ruinas, se tenía aún por los reyes moros, y sus torres, de las que no ha quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca en que tienen asiento todo aquel fertilísimo valle que fecunda el río Alhama, tuvo lugar junto a la villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó herido y prisionero de los árabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su valentía.
Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en el fondo de un calabozo luchando entre la vida y la muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.
Volvió el cautivo a su hogar; volvió a estrechar entre sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de armas y sus hombres de guerra se alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero se había llenado de una profunda melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su extraña melancolía.
Durante su cautiverio logró ver a la hija del alcaide moro, de cuya hermosura tenía noticias por la fama antes de conocerla; pero que cuando la hubo conocido la encontró tan superior a la idea que de ella se había formado, que no pudo resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto para él imposible.
Meses y meses pasó el caballero forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella mujer, ora hacía los mayores esfuerzos por olvidarla, y ya se decidía por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, un día reunió a sus hermanos y compañeros de armas, hizo llamar a sus hombres de guerra y, después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, cayó de improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura objeto de su insensato amor.
Al partir a esta expedición, todos creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto le habían hecho sufrir arrojándole en el fondo de sus calabozos; pero después de tomada la fortaleza, no se ocultó a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos habían perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.
El caballero, embriagado en el amor que, al fin, logró encender en el pecho de la hermosísima mora, no hacía caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y otros clamaban por salir cuanto antes de aquellos muros, sobre los cuales era natural que habían de caer nuevamente los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.
Y, en efecto, sucedió así: el alcaide allegó de los lugares comarcanos y una mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de la torre bajó a anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas se descubre se veía bajar tal nublado de guerreros, que bien podía asegurarse que iba a caer sobre el castillo la morisma entera.
La hija del alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el caballero pidió sus armas a grandes voces y todo se puso en movimiento en la fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó el puente colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.
Algunas horas después comenzó el asalto.
El castillo podía llamarse con razón inexpugnable. Solo por sorpresa, como se apoderaron de él los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores una, dos y hasta diez embestidas.
Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.
El hambre comenzó, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los mismos que habían reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.
Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo cayó al foso desde lo alto del muro, al que había logrado subir con la ayuda de una escala, al mismo tiempo que el caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde unos y otros combatían cuerpo a cuerpo entre las sombras.
Los cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este punto la mora se inclinó sobre su amante, que yacía en el suelo, moribundo, y tomándolo en sus brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación y la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio de armas. Allí tocó a un resorte, se levantó una piedra como movida de un impulso sobrenatural y por la boca que dejó ver al levantarse, desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender hasta llegar al fondo del subterráneo.
Cuando el caballero volvió en sí, tendió a su alrededor una mirada llena de extravío, y dijo:
-¡Tengo sed! ¡Me muero! ¡Me abraso!
Y en su delirio precursor de la muerte, de sus labios secos, al pasar por los cuales silbaba la respiración sólo se oían salir estas palabras angustiosas:
-¡Tengo sed! ¡Me abraso! ¡Agua! ¡Agua!
La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que, una vez rendida la fortaleza, buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio. Sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río.
Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y exhaló un grito.
Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparados sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.
La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su razón y, conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió sus ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía y, sin acercársela a los labios, preguntó a la mora:
-¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión y, si me salvo, salvarte conmigo?
La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.
Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.
[+/-] | Articulo 2 en Unirioja2: Los aerolitos de hielo del año 2000 (24/11/2009) |
Articulo publicado en Unirioja2 el 24/11/09:
Seguro que muchos de vosotros recordáis esta ola de caídas misteriosas de grandes y aislados trozos de hielo desde el cielo de toda España en un par semanas de 2000, y de las que se hablo y especuló tanto. Pero, después de tantos espacios en televisión, radio y prensa en aquellos días, ¿te quedó claro su origen? Tras más de ocho años, veamos que resumen se puede hacer.
El primer caso del que se habló sucedió el 10 de enero de 2000 en Tocina (Sevilla). Una piedra blanca y dura, con un peso de más de dos kilos, aterrizó de forma violenta sobre el techo de un turismo, hundiéndolo. Sucedió en la carretera, sin ninguna construcción elevada en los alrededores. No tenía más remedio que venir del cielo.
En algo más de dos semanas se registraron más de cien casos similares por toda la Península, y se descubrió algún incidente anterior, como el del 8 de enero en Soria, que pasa por ser el primero cronológicamente. En un taller a las afueras de Soria un tejado de uralita con un agujero, un 'meteorito' de hielo, y unos trabajadores que en principio no dijeron nada por miedo a ser tomados por locos.
Al aumentar el número de 'pedradas' de hielo, los medios de comunicación lo abordaron creando una repercusión y alarma pública con pocos precedentes. Las autoridades se vieron empujadas a nombrar una comisión en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para aclarar los hechos, pues no se sabía el origen de los bloques de hielo, que fueron bautizados como aerolitos o frigolitos por los medios de comunicación.
Se coordinó la recogida de los restos en las diferentes provincias, y así bastantes de ellos acabaron en una cámara frigorífica del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Cada bloque fue examinado por físicos, químicos y meteorólogos, entre otros. Entre los que encabezaron la investigación destaca Jesús Martínez Frías, geólogo especialista en meteoritos que trabajaba para la NASA.
Mientras los científicos trabajaban, el resto de España opinaba. Era el tema de moda, y nació la polémica. Unos aseguraban que se trataba de un fenómeno conocido y presentaban antecedentes, aunque el hecho aún no tuviera explicación científica. Por contra, varios grupos de escépticos defendían varias hipótesis y explicaciones más triviales, como achacarlo a hielo residual desprendido de aviones en vuelo, ya serías desde las alas o desde los sanitarios del avión.
La opinión pública no sabía que pensar. En una encuesta de esos días, el 28% creía que era una gran broma, un 21% se decantaba por el fenómeno atmosférico, un 6% por hielo de aviones, un 3% lo atribuía a cometas, y el 35% no sabía o no contestaba.
Tras los estudios preliminares, el 21 de enero en la sede central del CSIC de Madrid, en una rueda de prensa se dieron a conocer los primeros resultados ante la presión mediática. La mayor parte de los aerolitos eran auténticos, pero el fenómeno que los generó parecía ser una causa atmosférica sin explicación.
Los aerolitos dejaron de caer en unas semanas, aunque aparecieron casos en países como Italia o Canadá. Expertos e investigadores extranjeros se unieron al análisis de los restos españoles. Se descubrió que se componían de agua pura, es decir, de agua de lluvia. Cada bloque de hielo se formaba a partir de pequeñas partículas que se sostenían y formaban en el aire. Esta formación ocurría entre los diez y veinte kilómetros de altura (estratosfera, que cubre entre los 10 a 50 Km. de altura), y cuando el aerolito alcanzaba el peso suficiente, la gravedad hacia el resto. Los bloques de hielo estaban estratificadas en capas y llenas de burbujas de aire, que contenían gases como amonio y partículas de sílice. La conclusión fue que "tienen su origen en procesos similares a los de la formación del granizo". La formación de los primeros núcleos de hielo podría deberse a la persistencia de las estelas de aeronaves que, en condiciones atmosféricas inusuales, podrían contribuir a generar núcleos de hielo en las capas altas de la atmósfera.
David Travis, un climatólogo de la Universidad de Whitewater (Wisconsin) afirmó que la similitud en los detalles aportados por los investigadores que a lo largo de la pasada década recogieron y estudiaron en distintas partes del mundo 50 bolas de hielo como las caídas en España, hace suponer que no se trata de un engaño. Así, el director del Centro Mediterráneo de Estudios Ambientales de Valencia, el profesor Millán, opina que la extraordinaria humedad de la baja estratosfera registrada durante los días previos a la caída del primer bloque de hielo, unida a la condensación de hielo en caída libre durante 19 kilómetros a través de una atmósfera casi saturada, y durante 10 minutos, pueden dar lugar a un bloque de hielo.
Pero dentro de los investigadores ‘oficiales’ hubo alguna voz crítica, como la de Luis Sánchez Muniosguren, el científico designado por el Instituto Nacional de Meteorología (INM) para participar en la comisión. Para él, lo ocurrido “no se debe, ni siquiera remotamente, a procesos ocurridos en la estratosfera”. Del informe decía que “esos resultados contradicen los principios universales de la física”, porque estudiadas las variables físicas de las capas altas de la atmósfera en esos días, “no se induce en ningún momento que existieran las condiciones para la generación de aerolitos, sino más bien al contrario: en el caso de poner un bloque de hielo esos días en la atmósfera se hubiese desintegrado inmediatamente por las relativamente altas temperaturas”. Según los datos del INM en esos días la temperatura a 30 Km. De altura fue de 48 a 60 grados bajo cero, mientras que la necesaria para crear cristales de hielo a esa altura, oscilaría en torno a los 94 grados bajo cero.
No eran bromas, ni cometas, ni hielo de aviones, ni otras alternativas más rebuscadas. Los científicos españoles intentaron hacer olvidar el término erróneo de aerolitos, y sustituirlo por el de megacriometeoros, con el cuál se ha bautizado el fenómeno en las revistas científicas, como ‘Science’, donde se publicaron los resultados completos de la investigación. A la cuestión de la cantidad y cercanía temporal de los casos, se asoció a que durante la oleada de enero de 2000, la tropopausa (una capa de la atmósfera) había descendido de nivel, algo que se asocia al daño medioambiental. Además se produjo en las capas altas de la atmósfera un sobreenfriamiento propiciado por la disminución del ozono en esas fechas sobre todas las áreas donde cayeron trozos de hielo, según señalan los mapas de ozono de la NASA.
Sin embargo, incluso años después existía aún controversia científica. En Estados Unidos, algunos expertos de las Universidades de Washington y Wisconsin apoyan la hipótesis del español Jesús Martínez Frías, mientras en la Corporación Universitaria para la Investigación Atmosférica en Boulder (Colorado) refutan la consistencia de esta teoría porque “no se puede formar hielo sólido en ausencia de nubes gruesas y claramente visibles”.
Martínez Frías apuntó, por último, el interés de este fenómeno para estudiar el hielo en Marte, que se podría formar, en su opinión, en condiciones similares. Para más información sobre casos más recientes y seguir las investigaciones y resultados de la investigación oficial, se puede consultar la web http://tierra.rediris.es/megacryometeors
Así pues, el fenómeno sería una consecuencia del cambio climático. Algo con lo que lamentablemente estamos en 2009 acostumbrados a malvivir y a echarle la culpa de hechos climáticos extraños o exagerados que a veces acaban en catástrofes terribles, pero que en el 2000 todavía no alarmaba demasiado, y lo llamábamos ‘efecto invernadero’ o ‘calentamiento global’. Quizás fue un pequeño y sencillo aviso de Gaia (aconsejo a quién no conozca la teoría Gaia que busque información en Internet) ante lo que se avecinaba, o quizás no fue un aviso sino simplemente "lágrimas del cielo" (como escribió el investigador Bruno Cardeñosa).
Por el equipo GIPErioja.
[+/-] | Articulo 1 en Unirioja2: Parapsicología en La Rioja (12/11/2009) |
Articulo publicado en Unirioja2 el 12/11/09:
De la mano de GIPErioja podremos disfrutar de historias inquietantes de nuestra región. Lo primero saludar a todos los lectores de este artículo, y lo segundo, presentarse. Soy Álvaro Fernández, y junto a un grupo de amigos de Logroño aficionados a la parapsicología formamos el GIPErioja.
Tercero, agradecer la invitación que nos hizo esta página con la intención de entreteneros y estimular vuestro interés por la parapsicología, y más concretamente por la parapsicología riojana.
Ahora a ampliarlo dicho, y empecemos por nosotros. El GIPErioja significa Grupo de Investigaciones Parapsicológicas de La Rioja, y detrás de este rimbombante nombre no hay ni siquiera un grupo formal, ni dado de alta como asociación en ningún sitio. Es simplemente un nombre que nos pusimos un grupo de 'jóvenes' (ahora ya pasados los 30 bastantes de nosotros) que hace años nos dio por ir algunas noches de verano (por el tiempo libre y la buena temperatura más que nada) a intentar recoger psicofonías por diversos lugares de la geografía riojana. Un tema que nos interesaba, y una excusita para coger unos coches, darnos una vuelta, echarnos unas risas, y pasarlo bien de forma sana.
Hace poco, medio de broma, surgió el blog de GIPErioja, donde hemos empezado una sección con temas relacionados con la parapsicología que tienen relación con nuestra comunidad. Pero actualmente la parapsicología se ha convertido en un cajón desastre donde se puede meter de todo, y sino que se lo digan a Iker Jiménez con su Cuarto Milenio. Ufología, fantasmas, conspiraciones, asesinos en serie, poltergeist, astronomía, leyendas, teorías científicas como viajes en el tiempo, arqueología, ocultismo, folklore ... Cualquier elemento extraño en un asesinato sin resolver de hace 20 años, un resto arqueológico que no casa bien con las afirmaciones de los historiadores oficiales, los ritos de los chamanes de una tribu perdida, y cosas de este estilo ya son casi consideradas temas de esta indefinida rama, cuando hace pocos años serían un tema policial, un tema arqueológico-histórico, o un tema de folklore.
Parapsicología, del griego "para" (junto a) más psicología, es una palabra que crea el profesor de la Universidad de Duke, Joseph B. Rhine y que sirve para designar a la rama de la psicología que estudia los fenómenos que la psicología normal no es capaz de explicar. Parapsicología es, originalmente, lo que va más allá de la psicología, y se encarga de los supuestos fenómenos y comportamientos psicológicos (como la telepatía, las premoniciones, telequinesia, la levitación, etc.) de cuya naturaleza y efectos no ha dado hasta ahora cuenta la psicología científica. Este tipo de fenómenos existen desde el comienzo de la edad de los hombres, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando comienzan a ser estudiados por los científicos e investigadores. En el siglo XVIII encontramos a dos figuras singulares, objeto de muchas críticas y objeto de vilipendio por parte de algunos historiadores (vaya que sorpresa, ¿no?) pero de las que no podemos obviar sus logros y méritos. F.A. Mesmer con sus hipótesis del magnetismo animal y de la hipnosis, y el controvertido Cagliostro, personaje que nada entre lo real y lo legendario, entre lo científico y lo mágico pero que dejó una profunda huella en su tiempo.
Después de muchos años, grandes figuras y personajes, casos clásicos y famosos, otros casos que resultaron ser meros fraudes, épocas doradas y años oscuros, hemos llegado al siglo XXI, con su globalización, con sus autopistas de la comunicación. Seguro que todos los que estáis leyendo estas líneas, de cualquier lugar del mundo, os habéis sentido atraídos en mayor o menor medida, en algún momento de vuestra vida por alguno de estos temas. Se dice que cualquier persona del mundo experimenta algún fenómeno 'extraño' en primera persona a lo largo de su vida, no necesariamente algo espectacular como una abducción, pero si por ejemplo en pensar en alguna persona que no aparecía en tu mente en varios días, y en unos segundos sonar el teléfono y ser esa persona precisamente la que te llama. Cosas cotidianas que puedes achacar a la casualidad, como soñar con algo que sucede en los días siguientes.
La parapsicología esta en el mundo, esta en nuestras vidas, y nos incita a preguntarnos que hay más allá de los que aprendemos en las escuelas, las universidades, lo que dicta la sociedad... O según se mire, ¿qué hay detrás de todo lo que se me cuenta?, ¿y detrás de los sueños?, ¿y detrás de la muerte?. El hombre es un animal curioso, inconformista, que busca y piensa sin descanso, y en la vida hay muchas lagunas, muchas cosas que ocurren que están envueltas en una niebla de misterio, a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. Filósofos, científicos, escritores, parapsicólogos ahora... hombres y mujeres, en definitiva, de todas las épocas han buscado lo mismo que buscamos todos, la verdad, el conocimiento, la luz.
El gran problema de la parapsicología es la dificultad de reproducir en un laboratorio los fenómenos que estudia, sólo fenómenos como la telepatía han podido ser reproducidos en ambiente de laboratorio. Pero esta pseudociencia ha llegado a mí y a ti, que no somos científicos ni filósofos, a través de documentales, programas de televisión, millones de páginas web, programas de radio, millares de libros... Y a pesar de charlatanes y modas pasajeras, a mi me ha llamado y me ha cautivado con su canto de búsqueda. Una búsqueda de las realidades y leyes del tiempo, del universo, de los pueblos, de la mente y de mi mismo. Una búsqueda que de antemano sabemos inabarcable e interminable, al menos en esta vida, pero se suele decir, muchas veces es mejor el camino que el destino.
Y por ello os queremos invitar a parte de este camino, a pequeñas dosis de esta 'droga' para animaros a investigar, a leer, a escuchar, a ver, a pensar y ser críticos conmigo y con todos los que os hablen de estos misterios y las teorías y pruebas que os presenten. Y es que en este mundo como en tantos otros, hay gente profesional, y gente charlatana, experta en vender humo, exagerar o desinformar por interés. En esta sección os indicaré algunos temas interesantes y preferiblemente relacionados con nuestra tierra riojana, pues los misterios existen donde hay gente para cuestionarse el mundo.
Yo no soy ni mucho menos un experto en estos temas, solo alguien que le gusta leer algunas webs, algunos libros, escuchar algunos programas en su tiempo libre. Seguro que entre vosotros hay personas con muchos más conocimientos que yo, o que se ría de mi forma de escribir, pues nunca había escrito artículos antes de hacer el blog del GIPErioja. Mi única pretensión es ayudar y acercar la parapsicología a los que piensan que son temas de frikis que nunca ocurren cerca de aquí. Es decir, dar una mínima parte de lo que me aportaron y aportan hombres como Bruno Cardeñosa, Juan Antonio Cebrián, Javier Sierra, Miguel Blanco, Germán de Argumosa, J.J. Benítez ... y muchos otros. Aunque siempre estará en el primer lugar de mis 'maestros' Fernando Jiménez del Oso, psiquiatra y grandísimo divulgador fallecido en 2005 a los 63 años.
Jiménez del Oso escribió estas palabras en el prólogo del libro de Pedro Amorós "Psicofonías, quien hay ahí" de ediciones Nowtilus S.L. (2003): "Me guste o no, tengo cierto grado de responsabilidad en que las psicofonías sean conocidas por el gran público y millares de espontáneos, provistos de magnetófonos portátiles, se lanzasen en su día a capturar las fantasmales voces en ruinas y cementerios". Así es en mi caso y le doy gracias por ello.
By GIPErioja.